por Gustavo Burgos
El rechazo de la acusación constitucional en contra de Diego Pardow no puede leerse como un mero episodio técnico, ni como el triunfo del “debido proceso” que el propio exministro invocó con visible emoción al contener las lágrimas ante la prensa. Se trata, más bien, de una escena paradigmática del funcionamiento real del poder en Chile: cuando los intereses estratégicos del capital se ven amenazados, cuando uno de sus operadores más diligentes corre el riesgo de ser sancionado, las diferencias ideológicas se desdibujan y la elite política comparece unida para garantizar la continuidad del negocio y la impunidad de quienes lo administran.