¿Cómo orientarse en la niebla de la IA? Un esbozo cartográfico y una brújula ecomunista

por Ariel Petruccelli

Para quien haya tenido una mínima interacción con la IA, aunque más no sea leer en línea algún texto sobre el tema, usar redes sociales o haber hecho alguna inocente consulta a un chat bot (vale decir, para la inmensa mayoría de la población del planeta), es prácticamente imposible que pase una semana sin que le llegue a sus dispositivos electrónicos vinculados a internet alguna noticia espectacular relacionada con las llamadas inteligencias artificiales. Desde el Papa a Bill Gates –pasando por Putin, Trump y Xi Jiping; Zuckerberg, Thiel o Altman– parece haber un consenso absoluto: nos hallamos ante lo más extraordinario entre lo extraordinario. Estaríamos a las puertas de trascender todas las limitaciones humanas y construir un mundo feliz de abundancia, ocio, diversión e incluso inmortalidad… o a punto de ser convertidos en esclavos de robots. A un paso de construir el paraíso en la tierra o de autodestruirnos. La “sigularidad” se anuncia como cosa inminente, aunque su advenimiento, al igual que el segundo advenimiento de Cristo, es pospuesto una y otra vez. La parousía de la religión de los datos (un término bastante atinado que tomo de Jaron Lanier) se prorroga en el tiempo como se prorrogó, y aún se sigue prorrogando, la segunda venida de Cristo. Pero la misma ansiedad que la inminencia del juicio final provocó hace dos milenios en las minúsculas comunidades cristianas, ahora parece hacer presa de buena parte de la población del planeta, que se siente a un tris de volverse inmortal o, mucho más habitualmente, de perder el empleo a manos de un chat bot.  La IA puede ser vista como un producto angelical o satánico, como obra de Dios o del anticristo, pero siempre, siempre, como algo absolutamente sin precedentes y, desde luego, cuyo desarrollo no puede ser en verdad detenido, por mucho que el Papa diga que hay que detenerla.

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Capitalismo: Vigilar y predecir

por Sébastien Broca

Se ha abierto una nueva era del capitalismo, donde las empresas buscan por todos los medios conocer, predecir y modificar el comportamiento de los individuos. S. Zuboff señala las amenazas resultantes para la autonomía individual y la soberanía democrática.

Desde la publicación de un primer artículo en 2013 en el Frankfurter Allgemeine Zeitung, Shoshana Zuboff, profesora emérita de la Escuela de Negocios de Harvard, ha popularizado la noción de «capitalismo de la vigilancia», tanto en el mundo académico como entre los defensores de las libertades digitales. Esta expresión se refiere a la nueva forma de capitalismo creada por las grandes compañías de Silicon Valley, y más particularmente por Google y Facebook, cuyos ingresos dependen de la recolección y el análisis de nuestros datos. El análisis de este fenómeno socioeconómico está en el centro de un libro voluminoso y ambicioso, publicado en los Estados Unidos el 15 de enero de 2019 y ya ampliamente comentado [1]. S. Zuboff entrelaza, en una prosa vigorosa y estimulante, una historia, una teoría y una crítica de la dirección tomada por la acumulación capitalista.

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