El «Escudo de las Américas» y la encrucijada soberana de Chile

por Luis Mesina

El “Escudo de las Américas” se ha articulado públicamente bajo la narrativa de un acuerdo multilateral destinado a la cooperación en seguridad y el combate al crimen organizado transnacional; sin embargo, un examen riguroso de los documentos oficiales revela implicancias que contradicen dicho propósito inicial. Lejos de constituir un tratado de asistencia policial estándar, la iniciativa supone un alineamiento doctrinal con la administración de Donald Trump y una concesión de soberanía nacional inédita en la historia reciente, que compromete el dominio y control estratégico sobre recursos críticos como el cobre, el litio y las denominadas “tierras raras”.

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Comprender el nuevo imperialismo ruso

por Jean Betou

El imperialismo ruso es un tema que ha recibido poca atención por parte de los marxistas contemporáneos, algunos de los cuales incluso cuestionan su propia existencia. Por eso, el libro de Ilya Budraitskis -historiador y politólogo de la Universidad de California, Berkeley- e Ilya Matveev -economista y politólogo del Centro de Investigación para Europa del Este (Forschungsstelle Osteuropa) en Bremen- llena un vacío importante. Ambos son rusos y abandonaron su país tras el inicio de la invasión militar a gran escala de Ucrania el 24 de febrero de 2022. ¿Cómo se puede explicar una empresa que parece tan irracional y contraproducente para las clases dominantes rusas? Este es el punto de partida de su análisis.

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¿Cómo orientarse en la niebla de la IA? Un esbozo cartográfico y una brújula ecomunista

por Ariel Petruccelli

Para quien haya tenido una mínima interacción con la IA, aunque más no sea leer en línea algún texto sobre el tema, usar redes sociales o haber hecho alguna inocente consulta a un chat bot (vale decir, para la inmensa mayoría de la población del planeta), es prácticamente imposible que pase una semana sin que le llegue a sus dispositivos electrónicos vinculados a internet alguna noticia espectacular relacionada con las llamadas inteligencias artificiales. Desde el Papa a Bill Gates –pasando por Putin, Trump y Xi Jiping; Zuckerberg, Thiel o Altman– parece haber un consenso absoluto: nos hallamos ante lo más extraordinario entre lo extraordinario. Estaríamos a las puertas de trascender todas las limitaciones humanas y construir un mundo feliz de abundancia, ocio, diversión e incluso inmortalidad… o a punto de ser convertidos en esclavos de robots. A un paso de construir el paraíso en la tierra o de autodestruirnos. La “sigularidad” se anuncia como cosa inminente, aunque su advenimiento, al igual que el segundo advenimiento de Cristo, es pospuesto una y otra vez. La parousía de la religión de los datos (un término bastante atinado que tomo de Jaron Lanier) se prorroga en el tiempo como se prorrogó, y aún se sigue prorrogando, la segunda venida de Cristo. Pero la misma ansiedad que la inminencia del juicio final provocó hace dos milenios en las minúsculas comunidades cristianas, ahora parece hacer presa de buena parte de la población del planeta, que se siente a un tris de volverse inmortal o, mucho más habitualmente, de perder el empleo a manos de un chat bot.  La IA puede ser vista como un producto angelical o satánico, como obra de Dios o del anticristo, pero siempre, siempre, como algo absolutamente sin precedentes y, desde luego, cuyo desarrollo no puede ser en verdad detenido, por mucho que el Papa diga que hay que detenerla.

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