“Cowboy de medianoche”: la soledad de ser el otro y el silencio de haberlo dicho todo

por Horacio Ramírez

En su autobiografía El portador del fuego, el astronauta Michael Collins -quien fuera el que se quedó en la cápsula de comando de la Apolo 11 y no descendiera jamás a la luna-, relata el momento en el que, ya solo en su cubículo, se internaba en el espacio que bañaba la cara oculta del satélite y experimentara la soledad física en el modo más extremo posible por primera vez en la Historia: “Desde los tiempos de Adán que nadie estuvo tan solo”, llegó a decir, mientras afirmaba que en esos momentos de aislamiento físico, se sentía “el Ello”, ya que por esos minutos ni él sabía nada de ningún ser humano ni ningún ser humano sabía nada de él. Se suponía que estaba, pero no se lo sabía…

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Cine: «El Padrino II», la suma diabólica

por Horacio Ramírez

Alguien se acerca y le besa la mano al Don, al Cabeza, al Capo, al padrino o “padre por vía divina”, en su etimología en inglés: “godfather”. La inclinación y el beso señalan un pacto de fidelidad, firme como el acero y a la vez volátil como un copo de nieve frente a los ardores del deseo: con esa imagen comienza la segunda parte de la trilogía de El Padrino (The Godfather II -1974-) de Francis Ford Coppola, a inspiración de la novela de Mario Puzo. La excepción que confirma la regla, donde la segunda parte es mejor que la primera, llevándose el preciado Oscar a la mejor película de ese año.

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