Mesa Social de Valparaíso divide al movimiento social con una lista de «la ley y el orden»

por Gustavo Burgos

En medio del proceso de formación de una lista unitaria de trabajadores para enfrentar las próximas elecciones para la Convención Constitucional, desde la agrupación Unidad de Trabajadores, tomamos contacto con la llamada Mesa Social, un agrupamiento que congrega —en la apariencia— a importantes organizaciones y estructuras sindicales, sociales y territoriales en Valparaíso. Intentamos abrir un espacio de diálogo político en vista una acción común. No fue posible. La Mesa Social haciendo gala de un sectarismo despolitizado hizo imposible todo diálogo. En lugar del diálogo cerraron la puerta al mismo con un reglamento moralista y ético cuya única finalidad es dejar al arbitrio burocrático de la mesa ejecutiva de la Mesa Social quiénes, en qué condiciones y bajo qué política habrá de levantarse esa lista. Un reglamento risible para una política vergonzante.

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El idealismo en la discusión en ámbitos «de izquierda»

por Rolando Astarita

Una de las cosas que más daño ha causado a los movimientos de izquierda, en particular a los que se reclaman marxistas, han sido las formas y métodos mediante los cuales se “zanjan” los debates políticos e ideológicos. Es un hecho común que ante diferencias se lanzan invectivas injuriosas y calumnias del más diverso tipo. Para no generalizar en abstracto, presento ejemplos tomados de mi experiencia personal. Por caso, cuando critiqué la apología de Hebe Bonafini a los ataques a las Torres Gemelas, y su apoyo a Bin Laden, fui acusado por la propia Bonafini de ser un “agente del gobierno Radical para destruir a la Universidad de las Madres”. Esta acusación fue apoyada por grupos de izquierda, e incluso por distinguidos intelectuales, como el señor Néstor Kohan. Otro ejemplo: por haber opinado que la URSS desde décadas antes de su caída ya había dejado de ser un Estado proletario, fui acusado por un escritor del Partido Obrero de ser un “cruzado” contra el socialismo. Esto es, que habría jurado luchar fanáticamente contra el socialismo. Otro ejemplo: la postura contraria a la consigna de “seis horas de trabajo para bajar la desocupación” me valió el calificativo de “enemigo de la clase obrera” por parte de algún grupo. Otro ejemplo: la posición favorable a la libertad de opinión y discusión en los partidos de izquierda -y en los países que se llaman socialistas- ha llevado a muchos a denunciarme por “provocador”, “agente infiltrado” y  “personaje con objetivos oscuros, dispuesto a destruir a la izquierda”.

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Contra el sectarismo

por Gustavo Burgos //

La izquierda revolucionaria chilena es presa de una paradoja histórica. Las tradicionales fuerzas del PS y el PC se encuentran reducidas a su mínima expresión, licuadas como organizaciones de clase y –para usar la metáfora de Marx- se disuelven en el aire. Por otro lado las masas perseveran en su accionar y a la más mínima manifestación ponen en entredicho al gobierno piñerista que se presenta extremadamente debilitado y sin capacidad de respuesta. Con sus limitaciones, y por vía ejemplar, la movilización feminista logró imponerse políticamente y obtuvo lo fundamental de sus reclamos, en esta fase, en una sola acción.

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