por Pablo Pulgar M. y Patricio Guzmán S. //
En estos 100 días de administración política de Sebastián Piñera se ha ido generado una modificación en el diagrama y sistema de partidos, agrietándose con ello la lógica política de los consensos, tan enraizada en el país, formando una tensión en el llamado “reparto duopólico del poder”, desplegando una nueva reconfiguración de las fuerzas políticas a nivel nacional. En este período, podemos argüir, estamos en camino a un sistema de tres tercios donde el tradicional centro político del nuevo reordenamiento – la Nueva Mayoría, de marcado dominio socialdemócrata o más bien social liberal – tiende a la implosión y al agotamiento histórico, marcado esto en la fuga de militantes y contradicciones discursivas. En este contexto aparece el actual gobierno de Piñera como uno que viene a retomar la bandera de la gestión del modelo neoliberal imperante en el país. El diseño del gobierno se ha mostrado en estos primeros 100 días como un gestor de Estado, un gobierno protocolar y administrativo, que sin embargo no ha tenido el músculo político de implantar una agenda política propia.
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