por Catalina Rojas
Inicia marzo y con ello se abren nuevos procesos de lucha cada año, y también se abren desde luego aquellas del campo de las y los trabajadores. Asistimos a un momento de reflujo del movimiento popular, situación posterior a lo que fue el clímax del alzamiento popular de octubre del 2019 y al repliegue forzoso impuesto por la pandemia del Covid-19. De telón de fondo, una crisis integral del capitalismo que data de al menos el año 2010 que ha ido recrudeciendo las condiciones de vida de las y los trabajadores, así como el pueblo en general. Si bien, se reconoce el reflujo, es importante destacar que es un estado aun situacional, que no nos encontramos ante una derrota, muy por el contrario, estamos atravesando una coyuntura en la cual está en juego el devenir del ciclo de lucha actual abierto alrededor de los años 2000 y por tanto, aún se encuentra en disputa el devenir de este. Obviamente, la patronal, la clase en el poder, lleva adelante su plan de desmovilización y relegitimación de su orden burgués. Del otro lado, las y los clasistas, anticapitalistas, antimperialistas, nos estamos jugando las posibilidades de reactivar el movimiento popular y avanzar hacia un proyecto de transformación estructural de la sociedad actual, que sea para y por los trabajadores y trabajadoras.