por Gustavo Burgos
La publicación en El Porteño de “De la Revolución Industrial a la Era digital”, de Luis Mesina, merece ser valorada no solamente por los problemas que aborda, sino por el terreno político en que los instala. En momentos en que buena parte de la discusión pública sobre inteligencia artificial, automatización y nuevas tecnologías oscila entre el entusiasmo empresarial y el temor abstracto ante una máquina que supuestamente amenaza al ser humano, Mesina devuelve la cuestión a su lugar material: las relaciones de producción y la lucha entre las clases. Su punto de partida consiste precisamente en rechazar la historia de la tecnología como una sucesión neutral de adelantos técnicos, mostrando que desde la Revolución Industrial la organización del trabajo ha estado atravesada por una disputa sistemática acerca del control del tiempo y del saber del trabajador. Esta recuperación del lenguaje de clase tiene una importancia que trasciende ampliamente los límites de una discusión académica: constituye un paso en la reconstrucción de una política obrera independiente después de décadas durante las cuales las categorías propias del movimiento de trabajadores fueron desplazadas por el vocabulario de la gobernabilidad, la ciudadanía, las políticas públicas y el diálogo social.