por Gustavo Burgos
Chile y Argentina, dos países que alguna vez aspiraron a jugar el rol de potencias regionales, enfrentan hoy una crisis sistémica que no puede reducirse a simples errores de política económica ni a desviaciones democráticas. En los márgenes del sistema mundial, pero ya no en sus zonas “atrasadas”, los países de la semiperiferia capitalista enfrentan crisis estructurales de legitimidad, representación y acumulación. Chile y Argentina son dos casos paradigmáticos de este proceso. Ambos están profundamente integrados al capital internacional —en tanto economías dependientes, subordinadas a los flujos de deuda, commodities y capital financiero— y ambos han vivido, cada uno a su manera, el agotamiento histórico del régimen democrático burgués surgido de la última gran reestructuración imperialista de la región.