por Raúl Román
Para nadie es desconocido que en toda crisis de un régimen político, las posiciones de “izquierda” y “derecha” se polarizan y el “centro” debilitado y sin identidad se vuelve necesario para evitar el quiebre definitivo. En otras palabras, cuando un sistema en decadencia, desecha por necesidad el modelo económico por estar agotado, las clases sociales se polarizan; la burguesía busca mantener sus privilegios a toda costa y la clase trabajadora tiende a dirigirse al cobijo de un instrumento político que lo represente en primera instancia, y en este caso no es la excepción, el Estado[1]. Solo cuando la descomposición del estado burgués es muy profunda, se focaliza en la construcción o generación de su propia dirección política, el partido revolucionario.