por Gustavo Burgos
En el último debate presidencial de Anatel, cara a cara final antes de la segunda vuelta del 14 de diciembre, se hizo evidente con una nitidez casi pedagógica la convergencia programática entre las candidaturas de Jeannette Jara y José Antonio Kast. Lejos de ofrecer dos perspectivas contrapuestas sobre el conflicto social, el debate mostró una homogeneización —inaudita y sin precedentes— del discurso que reduce toda la complejidad de la crisis nacional a un problema de orden público cuya única respuesta es la expansión del aparato represivo del Estado. En rigor, más que un contraste ideológico, lo que se escenificó fue la consolidación de un consenso punitivo transversal, síntoma del agotamiento histórico del progresismo y del propio régimen surgido de la transición.