por Lucía Sepúlveda
Una verdadera ensalada política fue parte del menú del 2 de septiembre en la Cámara de Diputados, con la aprobación del Tratado Chile-Unión Europea por 77 votos a favor, 8 en contra y 29 abstenciones. 41 diputados se ausentaron. El próximo paso será su tramitación por el Senado. El ingrediente mayoritario del menú dieciochero, con una tribuna vacía, lo aportó la derecha, manifestando su alegría ante la voltereta del Frente Amplio y otros que hicieron suya la herencia de Piñera y de la Concertación. Las nuevas disposiciones reglamentarias impiden la presencia y manifestaciones de público en las tribunas: cada diputado solo puede autorizar el ingreso de un invitado. Numerosas organizaciones sociales, sindicales, ambientales y políticas han sido parte del rechazo a los contenidos de este tratado que hemos caracterizado como neocolonial. El primer trámite, marcado por la Suma Urgencia impuesta por el presidente Boric fue un empujón para que la Cámara, presidida por Carol Kariola impidiera de hecho una discusión de fondo de los contenidos del tratado, coartando la participación ciudadana. Hubo portazos de todos los bloques políticos como respuesta a las peticiones de audiencia realizadas por Chile Mejor sin TLC, con escasas excepciones. Sólo se pudo llegar a una comisión. El carácter anti popular de nuestra democracia quedó una vez más a la vista en esta oportunidad.