por Gustavo Burgos
El fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso Hernández Norambuena vs. Brasil, comunicado el día de hoy, constituye un hito de enorme relevancia para el debate contemporáneo sobre el carácter real de los sistemas penitenciarios en América Latina y para desmontar, sin eufemismos, el mito progresista de una humanización sustantiva del castigo bajo gobiernos autodenominados de izquierda. Lejos de tratarse de un pronunciamiento aislado o circunscrito a una situación excepcional, la sentencia pone en evidencia la persistencia de dispositivos de castigo extremo —aislamiento prolongado, suspensión sistemática de vínculos humanos, restricciones arbitrarias de derechos— que operan como tecnologías ordinarias de gobierno sobre los luchadores capturados por el sistema penal, incluso en contextos de retórica garantista y compromiso formal con los derechos humanos.