por Fernando López MacKenzie
La muerte de Armand Mattelart no es sólo la desaparición física de un intelectual; es la interrupción, siempre provisoria, de una de las miradas más consecuentes que ha producido la izquierda latinoamericana sobre el problema de la comunicación, la ideología y el imperialismo. En un siglo XX poblado de teóricos del Estado, del partido, de la economía, Mattelart se empeñó en cartografiar un territorio que él mismo definió como un agujero negro del pensamiento revolucionario: los medios de comunicación de masas y las formas cotidianas mediante las cuales el capitalismo produce consentimiento, deseo y obediencia.