por Felipe Portales
Hace mucho tiempo que la FIFA se ha ido convirtiendo en sinónimo de corrupción. Pero lo que se ha visto con el actual mundial de fútbol en Katar ha rebasado todos los límites. En primer lugar, porque se ha comprobado judicialmente que su condición de país sede del mundial fue obtenida por medio del más desvergonzado soborno. Y pese a que esto fue comprobado hace ya muchos años no generó una automática descalificación del país sede, como exigía la ética más elemental.