El Mundial no se juega solamente en la cancha

por Gustavo Burgos

Cada vez que millones de personas concentran simultáneamente su atención, sus emociones y sus esperanzas en un acontecimiento común, estamos ante un hecho político. No porque cada espectador actúe conscientemente como militante ni porque la pasión deportiva sea una impostura, sino porque ningún fenómeno de masas permanece fuera de las relaciones de poder que organizan la sociedad. Allí donde se reúne el pueblo aparecen también el Estado, el capital, los medios de comunicación, las grandes marcas y las clases dominantes, disputando la orientación y el significado de esa experiencia colectiva. El Mundial de Fútbol es, por lo tanto, mucho más que una competencia entre selecciones: constituye un gigantesco escenario en el que se expresan, abierta o veladamente, los intereses sociales y políticos de nuestro tiempo.

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Qatar 2022: los temas más incómodos cuando la pelota empieza a rodar

por Euge Murillo

¿Es realmente posible concentrarse sólo en la cancha cuando alrededor -del mundo Mundial- una maquinaria demencial es capaz de poner en suspenso la lucha contra la inflación, los derechos de las mujeres y las personas Lgbtiq+, les migrantes y también de quiénes quieren tomar alcohol? ¿Cómo se hace la digestión de la pedagogía que expanden los jugadores con sus esposas, hijes, traiciones a la monogamia, pedidos de casamiento al final de un partido y anuncios de bebés en camino en un festejo de gol? ¿Se puede manifestar la incomodidad sin dejar de disfrutar la ilusión popular de ganar? Las respuestas a estas y otras preguntas son las figus que escasean pero que en el entretiempo tal vez se puedan ensayar. 

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