por Gustavo Burgos
Cada vez que millones de personas concentran simultáneamente su atención, sus emociones y sus esperanzas en un acontecimiento común, estamos ante un hecho político. No porque cada espectador actúe conscientemente como militante ni porque la pasión deportiva sea una impostura, sino porque ningún fenómeno de masas permanece fuera de las relaciones de poder que organizan la sociedad. Allí donde se reúne el pueblo aparecen también el Estado, el capital, los medios de comunicación, las grandes marcas y las clases dominantes, disputando la orientación y el significado de esa experiencia colectiva. El Mundial de Fútbol es, por lo tanto, mucho más que una competencia entre selecciones: constituye un gigantesco escenario en el que se expresan, abierta o veladamente, los intereses sociales y políticos de nuestro tiempo.