por Alejandro Valenzuela Torres
El mercado laboral chileno se encuentra en la antesala de una tormenta perfecta. La irrupción de la inteligencia artificial generativa, sumada a la precariedad estructural del empleo juvenil y a la desconexión política de las élites, amenaza con precarizar aún más el futuro de la juventud trabajadora. Pero sería un error creer que este problema se soluciona con mesas de diálogo, programas de capacitación o pactos sociales de ocasión. La raíz del fenómeno está en la hiperconcentración de la propiedad de los grandes medios de producción y en la desigualdad estructural que sostiene el capitalismo chileno.