El retorno de la política de clases

por Maxi Nieto

Hablar hoy, de la mano de Marx, de clases sociales, reivindicando su centralidad para el análisis social contemporáneo, constituye una vía preferente de acceso a la comprensión teórica del modo de producción capitalista como una verdadera totalidad estructural –con su propia lógica de funcionamiento y leyes objetivas de movimiento–, y con ello también al conocimiento preciso de su manifestación actual ya plenamente mundializada. Y representa esa vía privilegiada de discernimiento teórico porque, en tiempos de regresión social globalizada y recomposición política de las fuerzas sociales en conflicto, el análisis de clases posee hoy más que nunca la inestimable virtud de delimitar nítidamente y de manera inmediata los campos enfrentados en el debate que atraviesa a toda la ciencia social preocupada por la emancipación humana, esquemáticamente, y en último término, entre marxismo y postmarxismo, y revela directamente también las implicaciones y potencialidades políticas de cada uno de ellos.

Leer más

Reabriendo el debate sobre la planificación socialista de la economía

por Maxi Nieto y Lluís Catalá

Desde la restauración capitalista en la antigua URSS y los países del bloque del Este entre finales de los años 80 y primeros 90, los argumentos contrarios a la posibilidad de una economía socialista planificada eficiente han pasado a ser hegemónicos incluso entre amplios sectores de las fuerzas políticas y de los científicos sociales comprometidos con el cambio social emancipador3. Estos argumentos, que tienen su origen en la reacción de los círculos académicos y políticos más conservadores al ascenso revolucionario del periodo de entreguerras en el pasado siglo, se reducen a sugerir que la única forma posible de cálculo económico racional es la que proporciona el mercado a través del dinero y la formación espontánea de precios, por lo que, en ausencia de éstos, la eficiencia de un sistema socialista quedaría irremediablemente lastrada; o en otras palabras, la propiedad privada de los medios de producción –que implica la producción mercantil, y por tanto también el capital (el valor que se valoriza, esto es, la autoexpansión de las inversiones)– sería condición necesaria para la racionalidad económica. Paradójicamente, el dominio prácticamente absoluto de estas ideas incluso en la izquierda se produce cuando el desarrollo técnico en los campos de la informática, las telecomunicaciones y la inteligencia artificial permite por primera vez en la historia una completa y genuina contabilidad económica socialista (esto es, una contabilidad sin mercado y sin dinero) que amplía formidablemente las posibilidades de la planificación económica.

Leer más

Ir al contenido