por Gustavo Burgos
La política internacional del Gobierno de José Antonio Kast acaba de sufrir una derrota tan estentórea como reveladora. Apenas cuatro meses después de asumir el mando, el régimen que prometía una relación privilegiada con Washington ha recibido de la Administración de Donald Trump un castigo arancelario que grava con una sobretasa del 12,5% una parte considerable de las exportaciones chilenas. No se trata solamente de un revés comercial. Es la demostración práctica de la absoluta impotencia de una política exterior fundada en el servilismo, la subordinación ideológica y la fantasía de que la obediencia al imperialismo puede ser recompensada con alguna forma de trato preferente.