por Alejandro Valenzuela Torres
Se cumple un nuevo aniversario de la detención de Augusto Pinochet en Londres, aquel 16 de octubre de 1998 en que el dictador chileno fue arrestado en virtud de una orden del juez español Baltasar Garzón. Fue una fiesta popular en Chile y en todo el mundo. El hecho —expresivo de la lucha internacional contra la dictadura— no solo significó una grieta inédita en el principio de impunidad de los crímenes de Estado, sino también el punto de inflexión que clausuró la primera fase de la llamada “transición democrática” chilena, consolidando a la vez el régimen político y social que dominaría los siguientes treinta años. La detención de Pinochet, su arresto domiciliario en The Clinic y su posterior liberación por razones de “salud” no pueden comprenderse sin atender al carácter de clase del poder que lo protegió, tanto en Chile como en Europa.