por Ulra Valle
La concepción de que el sistema capitalista ofrece brechas superestructurales que la izquierda debe ocupar pacíficamente representa un desvío analítico y práctico respecto a las bases del marxismo revolucionario. Esta visión asume que las posiciones parlamentarias conquistadas por el Frente de Izquierda, a través de figuras como Myriam Bregman o Gabriel Solano, operan como un fin en sí mismo para administrar los resquicios del régimen. Sin embargo, la teoría del valor y de la lucha de clases demuestra que el capital no cede espacios voluntarios ni existen vacíos institucionales gratuitos; toda crisis o fractura en el orden de dominación burguesa es consecuencia directa de las presiones de la clase trabajadora. El Estado burgués y sus instituciones están diseñados orgánicamente para garantizar la reproducción del capital. Por ello, cualquier «brecha» que el sistema parezca abrir es rápidamente instrumentalizada por la burguesía para asimilar e institucionalizar a sus adversarios, neutralizando la confrontación real. La única forma de evitar esa cooptación es sostener que cada posición conquistada debe servir exclusivamente como un tribunal de denuncia para impulsar la organización extraparlamentaria y la destrucción del Estado burgués rumbo a la dictadura del proletariado, en disolución del estado en instituciones democráticas creadas por los propios protagonistas, los y las trabajadoras, no como un espacio de adaptación a las dinámicas administrativas del régimen.