Muerte y vida de Yukio Mishima

por Mariano Díaz Barbosa

Cinco hombres de uniforme entran a la oficina del general. El que los conduce lleva una espada japonesa, una katana. El general los invita a sentarse. No hay el menor rastro de animosidad de uno hacia los otros, ni de sumisión de los otros al uno. El general, vestido de civil, observa la katana, y más allá de que está envainada, sabe, por haber sido oficial durante la Segunda Guerra (época en que los oficiales llegaron a arruinarse para conseguir una espada auténtica, forjada por los maestros de épocas anteriores), que la espada es un tesoro. Pregunta al que encabeza al grupo si puede verla. El hombre desenvaina la hoja y se la alcanza. Para comprobar la calidad del templado, el general acerca la espada a una fuente de luz. Hay algo fuera de lugar. La hoja no está limpia, le queda un resto del aceite que se usa para lubricarla. Pide un pañuelo. Es la señal que los cuatro acompañantes han esperado.

Leer más

Mishima minutos antes de su muerte

por Luis Cadenas Borges //

Han transcurrido 47 después del sacrificio más grande (y polémico) hecho nunca por un escritor, el harakiri de Yukio Mishima como símbolo de un mundo que agonizaba y no volvería.

Terminar una vida de talento e ideología militante emulando a los antiguos samuráis y sacrificar su vida y la de otros en un gesto político, cultural y psicológico ejemplarizante. Eso fue lo que hizo Yukio Mishima cuando el 25 de noviembre de 1970 se abrió en canal en la primera fase de un ritual que culmina cuando un camarada decapita de un solo golpe de espada la cabeza del sacrificado. No tuvo suerte: después de varios intentos de su asistente tuvo que ser su amigo Hiroyasu Koga el que terminara el ritual que iba a ser un gesto estremecedor para Japón y la literatura nipona. Un suceso difícil de entender para un occidental (pero con un sentido completo para la cultura japonesa y para él, educado en la doctrina samurái por su abuela) hubo una entrevista con el crítico literario Takashi Furubayashi, uno de sus más acérrimos rivales, de formación marxista y que veía en Mishima lo mismo que veríamos hoy: un ultranacionalista japonés de mente atribulada y psicología retorcida. El libro también incluye otra entrevista con Hideo Kobayashi, nacionalista como él y fascinado por su literatura. Para Occidente un elemento peligroso, para Japón un símbolo muy incómodo. Para todos un escritor sobresaliente e hiperactivo.

Leer más

Ir al contenido