por Alejandro Valenzuela Torres
La construcción de un programa político revolucionario para la clase trabajadora chilena exige una ruptura radical con la indigencia teórica de la izquierda nacional, una carencia que atraviesa la historia del siglo XX hasta el presente. Esta indigencia no es casual: es el reflejo de la posición de clase de las corrientes democratistas, reformistas y stalinistas que han predominado en la izquierda chilena. El programa —entendido como clase, como el conjunto de tareas históricas objetivas que se desprenden de la situación estructural del país en su lugar en la cadena imperialista— ha sido sustituido por una sucesión de consignas adaptadas a la institucionalidad democrática y su Constitución.