por Ibán de Rementería
Se acostumbra a decir que la mejor demostración del fracaso de los partidos políticos es la tendencia a la polarización política que se hace manifiesta en los procesos electorales, pese a que las consultas por medio de las encuestas de opinión tienden a marcar al centro como preferencia de identidad política. Es más, una revisión, no exhaustiva, de las opiniones de las personalidades políticas están siempre marcadas por la nostalgia de los sectores no radicalizados de la polarización contraria, aquí en el país los adeptos a Chile Vamos (Renovación Nacional, Unión Demócrata Independiente y Evopoli) añoran al socialismo democrático (Partido por la Democracia, Partido Socialista y Partido Liberal), legítimo heredero de la Concertación de Partidos por la Democracia, mientras que estos evocan con nostalgia a aquellos, ante el auge del Partido Republicano y Partido Nacional Libertario. Mientras que los radicales (PR) y democratacristianos (PDC) se añoran a sí mismos en sus lentos pero inexorables procesos de liquidación final como experiencia histórica del centro político.