por Boris Kúleba
Al comenzar marzo habían tres temas que complicaban a la autodenominada “Alcaldía Ciudadana”: los reclamos del comercio local, específicamente el de calle Condell, desahuciado por la violencia callejera y los saqueos de los meses anteriores y con varios locales incendiados, cerrados o a punto de desaparecer; el retraso en la restauración de los ascensores, que se sumaba al escandaloso cobro por trabajos no realizados en el ascensor Villaseca y la cuasifatal caída del recién inaugurado ascensor Concepción; y, a estas alturas, el vergonzoso retraso en las obras de la escuela Ramón Barros Luco, que impidió el inicio del período de clases para sus estudiantes, sumado al masivo despido de docentes de los colegios municipalizados el mismo día de inicio del año escolar.