por Edmundo Moure
Venimos asesinando al prójimo desde Caín, en una larguísima e interminable sucesión de homicidios, con múltiples causales y variados disfraces. El ser humano —creación divina, según algunos— constituye la única especie que está siempre en trance de aniquilar a sus semejantes. El horroroso crimen del niño Tomás ha revivido la vieja discusión sobre la efectividad punitiva de la pena de muerte.