por Ryan Hass
Ahora que Estados Unidos está fracturado por sus luchas internas, distanciando a sus aliados y nuevamente absorbido por una guerra en el golfo Pérsico, parecería un momento idóneo para que China reclamara el liderazgo mundial. Sin embargo, Pekín ha evitado aprovechar estos conflictos mediante una postura pública contundente. En lugar de enfrentarse a Estados Unidos defendiendo a Irán, un socio estratégico histórico en la región, China apenas ha ofrecido un apoyo indirecto y, en gran medida, se ha mantenido al margen. La contención china no debe interpretarse como un signo de debilidad. Más bien, el país está esperando su momento, preparándose para ocupar el vacío de liderazgo cuando Estados Unidos termine por agotarse. Los dirigentes chinos trabajan para configurar un mundo en el que su predominio no aparezca como una victoria dramática sobre Occidente, sino como una realidad asumida.