Esta crónica de Enrique Symns es un valioso testimonio sobre el universo de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota porque fue escrita por alguien que no observó el fenómeno desde afuera: Symns fue parte constitutiva de aquella experiencia. Monologuista de los primeros recitales, aliado cultural de la banda y protagonista del under porteño de la dictadura y la transición democrática, ofrece aquí una mirada que combina admiración, resentimiento, nostalgia y crítica feroz.
Para Symns, Los Redonditos —como para nosotros— no fueron simplemente una banda de rock. Representaron una tentativa de construir una contracultura autónoma frente a la dictadura, la industria cultural y el espectáculo comercial. Los describe como una comunidad artística nómade, heredera de las vanguardias, que buscaba transformar cada recital en una «misa pagana», una experiencia colectiva donde el rock se mezclaba con el teatro, la poesía, la provocación y la búsqueda de nuevas formas de vida. En su relato, los Redondos aparecen como parte de una generación que pretendía «no abandonar nunca la calle» y que concebía la cultura como una intervención directa sobre la realidad social.