Enrique Symns despide al Indio Solari

Esta crónica de Enrique Symns es un valioso testimonio sobre el universo de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota porque fue escrita por alguien que no observó el fenómeno desde afuera: Symns fue parte constitutiva de aquella experiencia. Monologuista de los primeros recitales, aliado cultural de la banda y protagonista del under porteño de la dictadura y la transición democrática, ofrece aquí una mirada que combina admiración, resentimiento, nostalgia y crítica feroz. 

Para Symns, Los Redonditos —como para nosotros— no fueron simplemente una banda de rock. Representaron una tentativa de construir una contracultura autónoma frente a la dictadura, la industria cultural y el espectáculo comercial. Los describe como una comunidad artística nómade, heredera de las vanguardias, que buscaba transformar cada recital en una «misa pagana», una experiencia colectiva donde el rock se mezclaba con el teatro, la poesía, la provocación y la búsqueda de nuevas formas de vida. En su relato, los Redondos aparecen como parte de una generación que pretendía «no abandonar nunca la calle» y que concebía la cultura como una intervención directa sobre la realidad social. 

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Cuento de Enrique Symns: «El rey de los helados»

No hubo transición. La adultez fue una ropa que me pusieron como si fuera un presidiario; nunca dejás de ser niño, te obligan a dejar de serlo.

El asesinato de la infancia se comete en los colegios y los maestros y profesores son los especialistas en cometer ese crimen. Mis padres jamás me enviaron a la escuela. No hice primaria, ni secundaria, ni universidad. Pero igual me dañaron severamente al mudarse de un pueblo a la ciudad.

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Narración de Enrique Symns: «El dolor del tiempo»

Cerca de Ingeniero Ledesma, en una población de indios matacos, había un animal muy peculiar: un ganso al que los indios bautizaron con el nombre de Pancho. Pancho era el líder de la gansada, pero lo curioso es que Pancho no sabía que era un ganso. Se enfrentaba a los hombres como si fuera un hombre y charlaba con ellos en su incomprensible idioma. Cierta vez entró un puma, que atravesó el alambrado empujado por el hambre y con la intención de comerse dos o tres gansos. Pancho salió a enfrentarlo con toda la actitud de un puma. Durante unos segundos el puma estuvo casi convencido de que Pancho era un animal peligroso, hasta que finalmente lo mató.

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