Cuento de Juan García Brun: «Maniwaki»

Durante el tiempo que estuve fuera, el barrio se había llenado de gallineros. Visto desde la iglesia, las mallas y estructuras habían transformado todo, dándole a las calles un extraño rigor geométrico. Llegué en la madrugada, a oscuras en medio del canto de los gallos y no pude ver si las casas seguían allí. Sobre los techos de la casas había también gallineros y donde ayer había muros en los que habíamos escritos consignas, hoy también, este hoy de noche, hay paredes de gallineros.

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