por Valeria Menéndez
Las declaraciones de la diputada nacional Lilia Lemoine, vocera de facto del Presidente Javier Milei en la Argentina, celebrando en tono de burla las alusiones a los vuelos de la muerte y a la represión estatal durante la última dictadura militar argentina, no constituyen un exabrupto aislado ni una mera provocación mediática. Son, antes bien, la cristalización obscena de un clima político y cultural en el que el terrorismo de Estado deja de ser un crimen fundante de la memoria popular para convertirse en un recurso retórico, en un chiste de streaming, en un guiño cómplice entre sectores que se saben amparados por una impunidad histórica nunca plenamente saldada.