El Estado mafioso

por Cristopher Lynn Hedges

Bese el anillo. Arrodíllese ante el Padrino. Entréguele tributo, una parte del botín. Si él y su familia se enriquecen, usted se enriquece. Entre en su círculo íntimo, sus hombres y mujeres «hechos», y no tendrá que seguir las reglas ni obedecer la ley. Puede destripar la maquinaria del gobierno. Puede convertirnos a nosotros y al mundo natural en mercancías para explotar hasta el agotamiento o el colapso. Puede cometer crímenes con impunidad. Puede burlarse de las normas democráticas y la responsabilidad social. La perfidia es muy rentable al principio. A largo plazo, es un suicidio colectivo.

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Ramallah, Palestina ocupada: el viejo mal

por Cristopher Lynn Hedges

Ramallah, Palestina ocupada. De repente regresan el hedor de las aguas residuales, el chirrido de los motores diésel, los lentos transportes de tropas israelíes, las furgonetas llenas de niños, conducidas por colonos de cara pálida, ciertamente no de aquí, probablemente de Brooklyn o de alguna parte de Rusia o quizás de Gran Bretaña. Poco ha cambiado. Los puestos de control con sus banderas israelíes azules y blancas salpican las calles y las intersecciones. Los tejados rojos de los asentamientos coloniales –ilegales según el derecho internacional– dominan las colinas sobre las aldeas y ciudades palestinas. Crecieron en número y se hicieron más grandes. Pero siguen protegidos por barreras antibombas, alambre de púas y torres de vigilancia, rodeados por la obscenidad de céspedes y jardines. En este paisaje árido, los colonos tienen acceso a abundantes fuentes de agua que a los palestinos se les niega.

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