Víctor Serge: «En memoria de León Trotsky» (1943)

Apenas tenía cuarenta y cinco años cuando empezamos a llamarlo «el Viejo», como hicimos con Lenin a una edad similar. Durante toda su vida, transmitió la sensación de ser un hombre en el que pensamiento, acción y vida personal formaban un solo bloque sólido, alguien que seguiría su camino hasta el final, en quien siempre se podía confiar plenamente. No vacilaba en lo esencial, no flaqueaba ante la derrota, no eludía la responsabilidad ni perdía la cabeza bajo presión. Un hombre con un orgullo interior tan profundo que se volvió sencillo y modesto.

Leer más