Palomita Blanca: la perfección de la paradoja fílmica chilena

por Artidoro Sotomayor

Palomita Blanca parecía condenada al éxito. Enrique Lafourcade había publicado una novela de enorme circulación, construida sobre materiales inmediatamente reconocibles para el público chileno: juventud, diferencias de clase, sexualidad, religiosidad, consumo, rebeldía y ese extraño tránsito entre mundos sociales que caracterizó los años inmediatamente anteriores al golpe de Estado. Convertirla en película parecía una operación casi natural. Más aún cuando el cine chileno de comienzos de los setenta había hecho del país mismo su principal materia cinematográfica. Miguel Littin, Aldo Francia, Helvio Soto, Patricio Kaulen y Silvio Caiozzi, desde perspectivas diferentes, observaban una sociedad que parecía haberse vuelto súbitamente consciente de sí misma. Chile era escenario, personaje y objeto de investigación.

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