Clorindo Testa de Mariano Llinás: esta no es una película sobre Clorindo Testa

por Julia Gaitano

Mariano Llinás es un cineasta al que no parecen gustarle especialmente las etiquetas. Sus proyectos suelen rehuir de ellas, como un gato que se te retuerce en las manos para que lo dejes ir. El argentino propone filmes más abiertos, películas que fluyen hasta encontrar su forma final, sea esta la que sea, dure esta lo que dure. Eso normalmente acaba significando que sean metrajes más largos que la media a la que estamos acostumbradas. En Clorindo Testa encontramos a un Mariano Llinás de duración más asequible: apenas 100 minutos, una propuesta bastante ligera, si la ponemos al lado de los 245 minutos de Historias extraordinarias (2008) o de los ¡808 minutos! de la descomunal La flor (2018). En cierta manera, también el formato y la forma de presentarse esta vez también es más accesible. Si bien sigue esquivando clasificaciones generalistas, al menos en esta ocasión es una decisión que forma parte del discurso evidente, lo cual lo convierte en un hilarante asunto diegético. Llinás presta su propia figura como personaje central, la del director realizando la misma película que estamos viendo. De hecho, el tema recurrente en Clorindo Testa es lo que la propia película es y lo que, bajo ningún concepto es.

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