por Valeria Menéndez
El otorgamiento del Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado no puede considerarse un acto meramente simbólico o carente de implicaciones estratégicas. Más bien, se inscribe en una lógica global de legitimación de discursos intervencionistas y y de agresión colonial de los EEUU. En el caso venezolano, esa lógica encuentra terreno fértil en una crisis persistente y en una narrativa delirante —fortalecida desde Washington— que asocia al Estado bolivariano con el narcotráfico, el “terrorismo” y la corrupción sistémica. Así, el Nobel actúa como pieza funcional dentro de una matriz de agresión política e ideológica.