por Jorge Molina
De acuerdo al historiador Sergio Grez, las clases trabajadoras de Chile se han visto sometidas a una represión aplastante durante su historia. Los sectores dominantes, muchas veces, no han querido dar solución a los sufrimientos que aquellas padecían. Tampoco han existido fluidas vías institucionales que posibiliten la negociación entre trabajadores y empleadores. Los dirigentes obreros no eran considerados como interlocutores válidos, más bien eran considerados como agitadores y perturbadores del orden y, en esa calidad, corrían el riesgo de ser despedidos y anotados en las listas negras de los empleadores. Esta falta de reconocimiento, la inexistencia de un sistema establecido para negociar y solucionar conflictos y la consecuente falta de consenso ante la pugna de intereses existente entre patrones y obreros, forzó a las agrupaciones de trabajadores a canalizar su legítimo descontento por medio de actividades que ellos pudiesen iniciar unilateralmente, tales como el pliego de peticiones, el sabotaje, el ausentismo, paros y huelgas propiamente tales. He aquí una breve radiografía de las balas, los sables y detenciones arbitrarias que los pueblos originarios, los (as) trabajadores (as) y otros grupos han padecido durante su heroica lucha por la justicia social a manos del principal brazo armado con el que cuenta la élite y el Estado… El ejército.