por Valeria Menéndez
El crimen de Luis Roberto Marambio Smith —un hombre dependiente asesinado en Antofagasta el 2008 por su madre y su hermano médico tras medio siglo de cuidados sin apoyo alguno— no puede comprenderse sino como expresión de un vacío estructural: la absoluta inexistencia de un sistema público de protección para personas no autovalentes en Chile. En efecto, “Robertito” a los pocos días de nacer en 1958, contrajo una meningitis y desde entonces se convirtió en un sujeto dependiente de su madre en todo sentido. Su progenitora debía mudarlo, bañarlo y darle de comer a diario como si fuera una guagua. El atroz parricidio, muestra con crudeza que, en un país que delega todo el peso del cuidado en las familias, la dependencia no se traduce en solidaridad ni en soporte social, sino en encierro, desgaste y, finalmente, en desesperación criminal.