Poema de Enrique Lihn: «Cementerio de Punta Arenas»

Ni aun la muerte pudo igualar a estos hombres
que dan su nombre en lápidas distintas
o lo gritan al viento del sol que se los borra:
otro poco de polvo para una nueva ráfaga.
Reina aquí, junto al mar que iguala al mármol,
entre esta doble fila de obsequiosos cipreses
la paz, pero una paz que lucha por trizarse,
romper en mil pedazos los pergaminos fúnebres
para asomar la cara de una antigua soberbia
y reírse del polvo.

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Cuento de Enrique Lihn: «El hombre y su sueño»

En algún punto de la ciudad, de esta ciudad demasiado grande para que dos seres que se amen se encuentren si se han perdido de vista alguna vez, un hombre de mi edad vela, mientras todos duermen. Su vigilia no tiene nada de común con la vigilia a la que nos condena la súbita desaparición de nuestra amada, la angustia que precede a un día de decisiones irrevocables o la persistencia de un pensamiento que se resiste a tomar forma. No es tampoco el efecto de una digestión trabajosa, ni del desorden físico que sucede a un largo período de disipaciones. Es una vigilia no registrada hasta ahora en los anales médicos; una enfermedad incurable; una espléndida llaga destinada a no cicatrizar.

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Jorge Teillier versus Enrique Lihn: historia de una rivalidad entre puñetazos, pistolas y un triángulo amoroso

por Pablo Retamal

A mediados del siglo XX, fueron nombres estelares de dos formas distintas de entender la poesía, pero la enemistad entre los colosos de la Generación literaria del 50 tuvo su origen en una rencilla personal. Ahí, ambos protagonizaron incidentes como una gresca y hasta un duelo en el que no hubo ganadores. Aquí revivimos la historia, a propósito de la recién aparecida antología poética Cuando Todos se Vayan, de Teillier.

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La primera ancianidad de Enrique Lihn

por Roberto Merino

Hablé por primera vez con Enrique Lihn un anochecer de verano en el Parque Forestal. Habíamos llegado ahí vagamente atraídos por unos conciertos al aire libre que solían organizarse por entonces en la parte posterior del Museo de Bellas Artes. Para un presunto poeta de 17 años, el acercamiento personal a un poeta mayor y admirado tiene la mayor relevancia biográfica. Por eso mantengo nítidos en la memoria los detalles de ese remoto encuentro casual. Conversamos sobre Rodrigo Lira, al que Lihn acababa de otorgar su voto en un concurso de poesía de la revista La Bicicleta, pero sobre todo, recuerdo, gastamos el tiempo observando al maestro Víctor Tevah, que en ese momento dirigía la orquesta filarmónica de Santiago en el escenario. Lihn decía que cuando estaba en el colegio, solían llevarlo obligado a los conciertos de Tevah y que su apariencia era exactamente la misma: en cuarenta años no manifestaba signos visibles de envejecimiento. Aparecía, por tanto, a sus ojos, como una suerte de Dorian Gray; constatación hilarante, a despecho de la respetabilidad del músico.

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La pieza oscura, el deseo, lo ominoso

por Guillermo Riedemann

I

Nuestro interés por el psicoanálisis y la poesía nos ha llevado a unir estas dos disciplinas o expresiones de lo humano o manifestaciones de la búsqueda de aquello que no se nos revela de modo cotidiano, tras el probablemente ambicioso anhelo de develar un aspecto de lo ominoso -Das Unheimliche- que nos resuena, tal vez, como ese borde, esa materia, ese contenido crucial y definitivo del concepto elaborado por Sigmund Freud en un artículo del año 1919. Queremos sostener que ese aspecto crucial es la pulsión, el deseo, lo sexual, la búsqueda de satisfacción a partir de la pérdida de la satisfacción inicial, de la huella del goce perdido en un primer momento de la existencia del sujeto, en un primer instante de lo que serán los cimientos de la estructuración de su aparato psíquico. Haremos pie en la teoría de Freud y en la poesía, en cuanto esta última deviene precisamente, siguiendo a Karl Jaspers y a Martin Heidegger, en revelación e iluminación de lo oculto, de lo que no se deja ver, de lo que conocemos y se nos hace nuevo, de lo inconsciente, de lo reprimido -si acaso se nos permite extremar lo formulado por el creador del psicoanálisis y, de paso, tensionar nuestra idea.

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Poema de Enrique Lihn: «Gallo»

Este gallo que viene de tan lejos en su canto,
iluminado por el primero de los rayos del sol;
este rey que se plasma en mi ventana con su corona viva, odiosamente,
no pregunta ni responde, grita en la Sala del Banquete
como si no existieran sus invitados, las gárgolas
y estuviera más solo que su grito.

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Crítica de Enrique Lihn: «Leer a Kafka»

Leer a Kafka es someterse a una de las experiencias más extraordinarias, por su intensidad y por su complejidad, que nos pueda proporcionar la literatura moderna; y no porque se trate de un autor que se haya propuesto envolver la realidad en el misterio, mistificándola, sino justamente porque penetra en ella tan profundamente, de tal modo que «hay pocos escritores —escribe Georg Luckács— que hayan podido plasmar con tanta fuerza como él, la originalidad y la elementabilidad de la concepción y representación de este mundo, y el asombro ante lo que jamás ha sido todavía».

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