por Guillermo Riedemann
I
Nuestro interés por el psicoanálisis y la poesía nos ha llevado a unir estas dos disciplinas o expresiones de lo humano o manifestaciones de la búsqueda de aquello que no se nos revela de modo cotidiano, tras el probablemente ambicioso anhelo de develar un aspecto de lo ominoso -Das Unheimliche- que nos resuena, tal vez, como ese borde, esa materia, ese contenido crucial y definitivo del concepto elaborado por Sigmund Freud en un artículo del año 1919. Queremos sostener que ese aspecto crucial es la pulsión, el deseo, lo sexual, la búsqueda de satisfacción a partir de la pérdida de la satisfacción inicial, de la huella del goce perdido en un primer momento de la existencia del sujeto, en un primer instante de lo que serán los cimientos de la estructuración de su aparato psíquico. Haremos pie en la teoría de Freud y en la poesía, en cuanto esta última deviene precisamente, siguiendo a Karl Jaspers y a Martin Heidegger, en revelación e iluminación de lo oculto, de lo que no se deja ver, de lo que conocemos y se nos hace nuevo, de lo inconsciente, de lo reprimido -si acaso se nos permite extremar lo formulado por el creador del psicoanálisis y, de paso, tensionar nuestra idea.