«El conde»: Un festival de parodias simplonas

por Edmundo Moure

A las 18:00 horas de ayer, nos sentamos a ver El conde, Marisol, Sol y yo. Nos reímos de buena gana hasta poco más de la mitad del filme. A partir de las mordidas, sentimos que todo se desdibujaba en grotesca truculencia de imágenes, una suerte de «tarantinada» (sí, de Tarantino), a la chilena, en versión burda de cine blanco y negro, donde la sangre podía ser ulpo o chancaca.

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