Para Mariana Callejas, la verdadera condena fue que su paso por la DINA truncó su carrera literaria

La celebración del 18 de septiembre fue una fiesta inolvidable. Llegaron muchos amigos y dos invitados especiales: Enrique Lafourcade, el maestro, y el antipoeta Nicanor Parra. A ellos se sumaron los amigos más fieles de Mariana Callejas, los habituales del taller literario en la casa de Lo Curro: Gonzalo Contreras, Carlos Franz y Carlos Iturra. Fue una tarde feliz. El antipoeta recitó, jugó con los hijos de la anfitriona y estampó una dedicatoria en uno de sus libros: “Para mi más joven admirador, mi amigo Chris Townley”. Al anochecer sonó el teléfono, un llamado para la dueña de casa desde el extranjero: era Michael Townley desde Washington y, en clave, le informó a su esposa que todo iba viento en popa. Es decir, que la bomba ya estaba instalada en el chasis del auto de Orlando Letelier. Ella cortó, rápidamente marcó un número de la DINA y transmitió la información.

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