¡Qué niño encantador está sentado en un banco del jardín de las Tullerías! Sus ojos audaces miran fijamente algún objeto invisible, allá lejos en el espacio. No debe tener más de ocho años, y, sin embargo, no se divierte como sería lógico. Por lo menos debería reír y pasear con algún camarada, en lugar de apartarse; pero no está en su temperamento.
Aldo Pellegrini
Aldo Pellegrini: Se llama poesía todo aquello que cierra la puerta a los imbéciles
La poesía tiene una puerta herméticamente cerrada para los imbéciles, abierta de par en par para los inocentes. No es una puerta cerrada con llave o con cerrojo, pero su …