por Pino Arlacchi
Casi todos, tanto de derecha como de izquierda, creen que tras los arrebatos de Trump contra medio mundo se esconde una maquinaria militar invencible, sin parangón y sin precedentes en la historia del planeta.
Esto otorga al presidente estadounidense la pretensión de un poder prácticamente ilimitado. Trump puede violar los derechos, valores e intereses de pueblos y naciones con impunidad, basándose en el antiguo principio de que la fuerza más brutal —la violencia de las armas— ordena el mundo. Esto va en detrimento de los recursos disponibles para las víctimas, que solo pueden contar con la energía inmaterial generada por el igualmente antiguo, pero debilitado, sentido de la justicia.