por Oleg Yasinsky
Los dramáticos acontecimientos de estos días en Francia son espejo de varias realidades. Los grandes mitos del mundo occidental, nacidos desde las consignas de ‘liberté, égalité, fraternité’ de la Revolución Francesa, sirvieron más para adornar los manuales de historia que para ser un ejemplo práctico, pues la realidad de una política colonialista y extremadamente racista, no coincide con su estampa glamorosa del imaginario que hay en las burbujas intelectuales de las periferias mundanas tercermundistas. Una y otra vez nos hace recordar lo obvio: el tan presuntuoso y soberbio desarrollo material de una veintena de países con cierto nivel de bienestar social y protección de derechos de sus ciudadanos, que además fue posible gracias a la brutal explotación de la mayoría de los pueblos y territorios del planeta, siempre lejanos y mal enfocados por la prensa, que históricamente ha preferido mejor evitar conflictos con el poder.