por Nuño Domínguez
En su último libro, el paleoantropólogo Ludovic Slimak cuenta que de joven se dedicaba a observar a la gente mientras tocaba la gaita ataviado con un kilt en las sucias calles de Marsella. Por un impulso inconsciente había decidido dominar ese instrumento, y lo consiguió, hasta el punto de tener una banda famosa en Francia. Luego nació su primer hijo, se vio a sí mismo viajando de bolo en bolo y, al final, lo dejó. Pero se pudo sacar el doctorado con el dinero que sacó tocando.