Narración de Jaime Bernales: «Tiempos infernales»

Bajé calmadamente la escala del segundo al primer piso, de ahí caminé, sin prisa alguna, hasta el paradero a esperar ya fuera un Uber, un taxi, un colectivo o la micro. Largo rato esperando y nada. En eso apareció un ciclista, le levanté el brazo para que se detuviera y eso fue lo que hizo. Me acerqué, le pegué un balazo y acomodé su cuerpo en la cuneta para que no estorbara el paso de los vehículos. Y me fui pedaleando tranquilamente hasta el otro pueblo, en dirección al parque.

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