«Frankestein» de Guillermo del Toro: soy vástago de un osario

por Raúl Álvarez

Sabedor de que se ha adaptado docenas de veces –como Drácula– y de que, quien más, quien menos, conoce la historia, Guillermo del Toro no ha dirigido un Frankenstein al uso. No estamos ante la versión canónica o definitiva que quizá algunos esperaban, sino ante una visión personal, fiel en el planteamiento y distinta en el desarrollo, de un relato que explica muy bien quién es Del Toro. Porque la novela de Mary Shelley encierra todas las claves temáticas de la carrera del director mexicano: las relaciones padre-hijo, la belleza de lo monstruoso, la muerte, el perdón, la bondad, la redención, la búsqueda de la identidad… Todo lo que es y representa Del Toro está en las páginas del moderno Prometeo. Tiene sentido, por lo tanto, y supone un hermoso reconocimiento hacia su autora el hecho de que el cineasta haya acabado filmando su Frankenstein, y que lo haya hecho además desde la audacia y la libertad creativa a las que nos tiene acostumbrados. 

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