por Aquiles Lanza
El sistema capitalista logra mercantiliza hasta los sentimientos más profundos, el Día del Padre se ha consolidado no como una tradición familiar, sino como uno de los motores comerciales más rentables del calendario. Detrás de la corbata y la tarjeta de felicitación se esconde una maquinaria perfectamente engrasada para mover miles de millones de dólares. Cada tercer domingo de junio, las redes sociales se inundan de fotos de infancia, los restaurantes cuelgan el cartel de «completo» y las tiendas iluminan sus escaparates con promociones especiales para «papá». En apariencia, es un día para honrar la figura paterna. Sin embargo, basta con rascar un poco la superficie para descubrir una realidad incómoda: en el sistema capitalista actual, el Día del Padre es, ante todo, un artefacto comercial de primer orden.