Antonio Machado, «Estos días azules y este sol de la infancia”

por María Torres

«Y cuando llegue el día del último viaje, y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, me encontraréis a bordo ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar»

Era la medianoche del 22 de enero de 1939 cuando Antonio Machado se vistió con su mejor traje: azul marino, limpio y bien planchado. En su mano, un maletín repleto de papeles y documentos, los más valiosos para él. Esperó al coche que habría de recogerle junto con su familia para llevarle al exilio desde Barcelona. Compartió caminos, carreteras secundarias, ciudades y pueblos abarrotados de los que como él, huían de los bombardeos y la barbarie franquista.

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